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Agosto 29, 2011
Escrito por J. del Olmo

Entre el mar de dunas del Desierto del Thar

 

El Rajasthan. Sólo con pronunciar este nombre, a uno ya le vienen ciertas imágenes a la cabeza; largas caravanas de comerciantes recorriendo el desierto del Thar a lomos de sus camellos cargados con especias, seda o joyas, poderosos maharajás viviendo la gran vida en sus castillos y fuertes, bandidos de turbante en cabeza armados con su daga en busca de monedas de oro…

A día de hoy, Rajasthan sigue teniendo mucho de todo esto, ahí continúa el desierto del Thar, aunque ahora a lomos de los camellos suben los turistas y no los comerciantes. Los fuertes y palacios siguen estando ahí, igual de impresionantes que lo fueron hace siglos, y los bandidos… bueno, los bandidos han sido sustituidos por conductores de tuctucs incansables en la búsqueda de turistas a los que sacar un dinerillo extra.

Pero en cualquier caso recorrer esta zona de la India, sin duda evoca imágenes que antes te comentaba, aunque para ello haya que dejar correr un poco la imaginación, e imaginación es algo que a mi precisamente me sobra, así que si te parece podemos viajar en el tiempo, podemos viajar a la época de los maharajás…

Cuatro fueron mis paradas en la región de Rajasthan: Pushkar, Jaipur, Jodhpur y Jaisalmer. En este post te voy a hablar sólo de las dos últimas porque son las que más me han impresionado y porque si quieres saber de las otras dos, te coges la mochila y te vas tu a la India… hombre ya!!! 

Bueno, ya más calmado, empecemos por Jodhpur, también conocida como la ciudad azul. La verdad es que a día de hoy y después de haber pasado 4 días allí, todavía no entiendo muy bien de donde le viene este apelativo… Igual tú leyendo este post eres capaz de descubrir algo que yo no llegué a ver.

Jodhpur me pareció una ciudad interesante en la que pasar unos días. Rodeada por una muralla del siglo XVI, la ciudad se extiende a pies de una colina sobre la que brilla con luz propia el más valioso de sus emblemas, el Fuerte Mehrangarh.

La visita a este fuerte es una gran experiencia, tanto por la enorme cantidad de detalles  que se pueden encontrar en sus paredes, techos, balcones o murallas y que hablan de la meticulosidad con la que fue construido, como por las inmejorables vistas de la ciudad que se obtienen desde lo alto de esta colina.

Aun así y como yo siempre digo, está bien no perderse las “grandes atracciones” de cualquier ciudad, pero una vez más como realmente disfruté en Jodhpur es recorriendo sus calles, las más recónditas, (llenas de mierda, para no variar, pero bueno parece que uno se va acostumbrando…), porque es en estas calles donde la gente más se abre al “diferente” (en este caso yo) y es mucho más fácil pasar un ratito con ellos, tomando un te en alguna casa mientras la orgullosa mamá te enseña su recién nacido hijo, o sentado en algún patio interior viendo como juegan los niños o quizás en alguna pequeña zapatería viendo como el dueño arregla un par de viejos zapatos.

Es aquí, en estos ambientes donde yo me muevo como pez en el agua y donde cada vez me descubro a mi mismo pasando más y más tiempo en detrimento de esas otras “grandes atracciones” en las que la relación es siempre mucho más impersonal si es que llega a haber alguna, turistas llegan, turistas pagan, turistas sacan fotos, turistas compran un recuerdo en la tienda, turistas se van… Buuuuahhhh, lo siento, pero cada vez me aburre más…

Pero lo que sin embargo no me aburría y recuerdo como momentos muy bonitos, era subirme a la azotea de mi hotel cuando empezaba a atardecer. Jodhpur es una ciudad en la que hace mucho calor, pero sin embargo cuando cae el sol, justo antes de anochecer siempre se suele levantar una agradable brisa que hace que la temperatura sea perfecta. Es en ese momento cuando centenares de niños aprovechan para subir a los tejados con sus cometas y el expectaculo es increible. Allí me sentaba yo con mi amigo Vjeko de Croacia y los dos hermanos que regentan el hotel y nos tomábamos una cerveza muy pero que muy agusto…

Y de Jodhpur, pegamos un salto de 6 horas en autobus hasta llegar a Jaisalmer. No es que esta ciudad me maravillara especialmente, se trata de un lugar bonito si, un pueblo no demasiado grande, también amurallado, con calles empedradas, todo ello construido con una piedra arenisca de un color casi dorado, que le da un aire muy especial. De hecho, si a Jodhpur se la conoce como la ciudad azul, el apelativo de Jaisalmer es la ciudad dorada.

Bonito, si, pero se trata de un lugar demasiado turístico, que como suele pasar ha perdido ya casi toda su esencia. De hecho, de sus calles no pude sacar demasiadas fotos, porque son tantos los carteles anunciando restaurantes, hoteles, tiendas y demás, que resulta dificil sacar una foto sin que apareciera alguno de ellos.

Pero me he reservado para el final de este post, lo que ha sido sin duda uno de los mejores momentos de mi viaje en India, el Desierto del Thar. En compañía de mi amigo Vjeko, alquilé una moto y nos echamos a la carretera, la misma carretera que en menos de 200 kms te lleva hasta Pakistán. Sin importarnos los 40 grados de temperatura y el sol de justicia sobre nuestras cabezas (bueno, un poco si que nos importaban, no nos vamos a engañar…) nos lanzamos a explorar la zona.

A medida que íbamos haciendo kilómetros el terreno se iba haciendo más y más árido hasta que llegó un momento que a ambos lados sólo había preciosas dunas de arena fina.
 

Cada vez que encontrábamos un camino que llevaba a un pueblo, lo tomábamos y la revolución se armaba en el pueblo en cuestión. ¡Dos occidentales con una moto, avisa a tu padre niño! Y allí iban apareciendo el padre, la abuela y todo el poblado, para comprobar quienes eran esos dos “intrusos” de piel blanca que se habían preocupado en acercarse hasta allí.

Y en estos pueblecitos, una vez más me quedé sorprendido de la habilidad del ser humano para adaptarse a la perfección a las condiciones del entorno en el que le haya tocado vivir. Esa piel curtida y oscura para combatir las quemaduras, esos niños jugando con los pies descalzos, cuando yo mismo sentía el calor de la arena a través de las gruesas suelas de mis zapatillas…

No sé si podrás imaginarte por un momento en alguno de estos poblados que te enseño en las fotos e imaginarte las condiciones, 40 grados de temperatura, una tierra seca y árida en la que nada crece, a muchos kilómetros de distancia de la ciudad más cercana, viviendo en esas humildes casas de barro para combatir las altas temperaturas, las moscas que todo lo inundan. Allí en estos lugares, esta gente es capaz de vivir y de apañárselas para salir adelante.

Hay que ver como me imita el chiquillo, y es que no hay nada como ser un "divo" de la moda...

Aunque el momento cumbre de este día lo viví unos kilómetros más adelante, en otro perdido pueblo. Allí, a las afueras del pueblo había un pequeño lago al que las mujeres iban a coger agua, que transportaban en unas tinajas de metal hasta el interior de las casas. Para mí, aquello fue un espectáculo fuera de lo normal.

Aquellas mujeres con saris de infinitos colores, con la cara tapada para protegerse del sol, con aquella asombrosa habilidad para transportar el agua en la cabeza sin que se derramase. Al espectáculo visual, se sumaba el sonoro, ya que todas ellas llevan diferentes abalorios como collares, pulseras o brazaletes en muñecas y tobillos que tintinean mientras andan.

Y allí me quedé yo, fascinado, pensando por momentos que estaba dentro de un documental de la tele, disfrutando de la magia del momento, aunque también debo de reconocer que ahora me siento un poco avergonzado y arrepentido de haber irrumpido en aquel lugar con mi cámara y haber sacado tantas fotografías aun sabiendo que a aquellas mujeres no les estaba haciendo mucha gracia. A veces uno se deja llevar por la euforia del momento sin pensar demasiado en sus actos…

Y con las mismas, volvimos a montarnos en la moto y una vez descartado llegar hasta Pakistán, decidimos volver hasta Jaisalmer. Yo con las manos más rojas que un tomate a pesar de haberme puesto toneladas de crema en esta, la única parte de mi cuerpo que quedaba expuesta al sol.

Y esto es a grandes rasgos lo que quería contarte sobre Rajasthan, otro lugar de este inabarcable mundo al que a partir de ahora puedo poner caras, sonidos, olores y sensaciones…


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6 Comentarios

En la categoría Asia a mi aire General India

Comentarios

Belén
Agosto 29, 2011

Pues si, comparto contigo que tiene que ser alucinante ver a esas mujeres cargando con el agua en la cabeza, como tantas veces hemos visto en la tele. Pero al verlo ahora fotografiado por tí, he visto algo más. He visto la elegancia en esas mujeres. Ha sido muy bonito.

Marta
Agosto 29, 2011

Me ha encantao!!! Durante 10 minutos has logrado que la pantalla de mi ordenador dejase de ser eso, una pantalla y pasase a ser una ventana abierta al exterior…si hasta sentía la arena caliente pegándome en las piernas!!

Cada vez pones más fotos y cada vez me quedo con ganas de más…
Un post realmente bonito.

Besos apretaos!!

MARIA
Agosto 30, 2011

Hola guapo…
Como siempre tus relatos son alucinantes.-… y que decir de las fotos…, me alegro mucho de que estes bien… un besito muy fuerte…. CUIDATE MUCHO….,

chevis
Agosto 31, 2011

ya veo que estas bien, de lo cual me alegro mucho.
venta pa’ca que el Madrid va lider, y esta apunto de ganar la liga,
y hay que celebrarlo.
Viva el desierto en la sombra.
Un abrazote apretaote.
Chevis

Isabel, tia de marta
Agosto 31, 2011

Hola, he seguido tus viajes y he aprendido mucho de ellos. El de este año verdaderamente ha sido muy especial. Me ha encantado ver lugares donde he estado y que tu me lo cuentes desde tu punto de vista, y comprenderte cuando hablas de suciedad y olores, además de las fotos tan bellas que has conseguido. Habrás comprobado que como decían los ingleses ” LA INDIA es un caos incomprensible pero funciona”

antonio
Diciembre 15, 2011

hola es la primera vez que te veo,pero te doy las gracias por llevarme a estos sitios tan bonitos,que tengas suerte y sigas viajando

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